En defensa de españa: razones para el patriotismo español

Qué es el regionalismo español

Se ha argumentado que la creación de la tradición de la comunidad política de los españoles como destino común sobre otras comunidades se remonta a las Cortes de Cádiz[1]. Revisando la historia de España, después de 1812 el liberalismo español tendió a dar por sentada la conciencia nacional y la nación española[2].

Durante la primera mitad del siglo XX (sobre todo durante la dictadura de Primo de Rivera), desde el campo conservador se propuso una nueva marca de nacionalismo español con marcado sabor militar que avalaba posturas autoritarias (además de promover políticas que favorecían la lengua española frente a las demás lenguas del país) como medio de modernización del país, fusionando los principios regeneracionistas con el nacionalismo español tradicional. [El ideal nacional autoritario se retomó durante la dictadura franquista, en forma de nacional-catolicismo,[3] que a su vez se complementó con el mito de la Hispanidad[4].

Una manifestación distintiva del nacionalismo español en la política española moderna es el intercambio de ataques con los diferentes nacionalismos regionales[6] Inicialmente presente tras el fin del franquismo de forma más bien difusa y reactiva, el discurso nacionalista español se ha autodenominado a menudo “patriotismo constitucional” desde los años 80.[7] A menudo ignorado como en el caso de otros nacionalismos de Estado,[8] su supuesta “inexistencia” ha sido un lugar común defendido por figuras prominentes de la esfera pública así como de los medios de comunicación del país[9].

El nacionalismo en españa hoy

2Hay dos señas de identidad principales que personifican al País Vasco en la actualidad: la ETA y el Museo Guggenheim de Bilbao. La primera representa el nacionalismo vasco en su forma más radical, militante e intransigente, mientras que la segunda se erige como símbolo y homenaje a la globalización en curso del País Vasco. Desde sus inicios, la interacción entre las fuerzas de la globalización y el nacionalismo ha caracterizado a la región. Es una opinión común que la modernización y la industrialización del País Vasco fueron una de las principales causas del nacimiento del nacionalismo vasco en el siglo XIX. En el siglo XX, el renacimiento y la radicalización del nacionalismo vasco se produjeron junto con la creciente globalización de España y su incorporación a los procesos económicos y políticos mundiales. A día de hoy, el nacionalismo vasco no muestra signos de disminuir, representando un caso fascinante para explorar lo que parece ser una coexistencia incómoda entre las fuerzas de la integración global y la fragmentación nacionalista.

El nacionalismo español del siglo xix

En España, el patriotismo vuelve a estar de moda. No se trata del viejo nacional-catolicismo de la dictadura derechista de Francisco Franco ni de la retórica de las banderas del conservador Partido Popular del actual presidente del Gobierno, Mariano Rajoy. Los nuevos patriotas de España son los líderes y los votantes de Podemos, el partido populista de izquierdas que intenta sacudir los cimientos del sistema político de la nación.

Podemos pretende reivindicar el patriotismo con fines progresistas. Se trata de una novedad en un país que todavía está atormentado por los crímenes que Franco perpetró en nombre de la “patria” -como los 20.000 asesinados por su régimen, una vez finalizada la guerra civil de finales de los años 30-. Incluso después de la muerte de Franco, la izquierda española rechazó el uso de símbolos nacionales como la bandera roja y amarilla del país y, a veces, incluso el propio nombre del país. Al hacerlo, los progresistas emularon a los alemanes después de Hitler en lugar de a Francia, con su larga y consensuada tradición republicana. Además, millones de ciudadanos españoles no se identifican como españoles sino como catalanes o vascos.

El nacionalismo catalán

“España, una, grande y libre” fue el mantra de la dictadura franquista. Resonó en toda la península ibérica hasta que el general murió en 1975. La frase encapsulaba perfectamente el dictado monocultural y ampuloso de su régimen cuasi-fascista con sede en Madrid.

La libertad, por supuesto, sólo se preservaba para los que pensaban como él. Los rastros del lema pueden verse ocasionalmente incluso hoy en día en el exterior de iglesias y monumentos públicos. Pero quizá el efecto más duradero haya sido en la memoria latente de algunos miembros de la derecha española, que parecen seguir luchando con la idea de la diversidad y la diferencia. Su particular idea de la España castellana que propugnaba Franco les impide aceptar la idea de las aspiraciones independentistas catalanas.

Esto se puso de manifiesto el domingo 1 de octubre, cuando la Policía Nacional española y la Guardia Civil, una fuerza policial más militarizada, arrastraron a los votantes catalanes que intentaban participar en un referéndum de independencia no autorizado. Cientos de personas resultaron heridas, incluso por el disparo de balas de goma de la policía.

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